0341-153413593

Rivadavia 2317, Rosario S2000JAB Argentina

Lunes a Sábado: 8.00 - 22.00 | Domingo: CERRADO

La verdadera identidad

a

La verdadera identidad

“Así como en este cuerpo el alma encarnada pasa continuamente de la niñez a la juventud y luego a la vejez, de la misma manera el alma pasa a otro cuerpo en el momento de la muerte. A la persona sensata no la confunde ese cambio” Bhagavad Gita 2,13

Generalmente asociamos nuestra identidad con identificaciones corporales, las cuales hemos ido creando desde pequeños, a través de los roles que desempeñamos, por pertenencias, la nación en la que vivimos, la creencia que practicamos, etc. De esta manera vamos etiquetándonos y etiquetando a los demás, soy Pedro, soy latinoamericano, soy judío, soy padre, soy contador. Pero si nos detenemos a reflexionar ninguno de estos rótulos constituye lo que “realmente somos”.

En el momento en que pensamos que somos lo que hacemos o tenemos, nos invaden sentimos de vulnerabilidad e inseguridad. A su vez esta situación conduce a conflictos constantes tanto individuales como colectivos. El ego individual como colectivo conducen a enfrentamientos, devastación del planeta, matanzas, guerras, cada uno defiende su creencia, su persona, su nación… además nos rotulamos colectivamente con los “ismos” como nacionalismo, comunismo, capitalismo, socialismo. Estos “ismos” dan cuenta de la adulterada identidad colectiva y que no consiguen más que separarnos los unos de los otros.

¿Quiénes somos en verdad?

La vida está compuesta de dos energías: la energía material y la energía espiritual (también podríamos llamarla “energía del alma”). La energía material se compone de cinco elementos (tierra, agua, fuego, aire y éter), mente, inteligencia y ego falso. La energía espiritual es la que da vida al cuerpo y es atemporal, no tiene principio ni fin y tampoco sufre deterioro alguno. La energía material, (el cuerpo), tiene un principio y un final, podemos decir que es el templo del alma.

Nuestro gran error es confundir estas dos energías, materia y espíritu. Nos olvidamos de que somos también energía espiritual y casi todas nuestras actividades están basadas en el cuidado de la energía material. Más aún, nos dogmatizamos como el cuerpo que vemos frente al espejo cada día.

El verdadero yo, no es lo que somos temporalmente, tampoco es ninguno de los roles que tomamos. El verdadero yo es energía espiritual, la cual no cambia, ni se modifica, al abandonar el cuerpo, la misma, pasa a otro vehículo, a otro templo. Es eterna a diferencia de la materia, que caduca tarde o temprano.

Ahora bien, podemos entender esto teóricamente, pero el conflicto sobreviene cuando tenemos que llevarlo a la práctica. Imaginemos que un profesor estudia todo acerca del continente africano, su clima, su flora, su fauna, su relieve, pero nunca tuvo la posibilidad de viajar a África. En cambio nos encontramos con otro profesor que además de tener todo el conocimiento teórico, ha podido viajar y conocer el continente africano, ¿quién crees que puede tener la comprensión más amplia de los dos? ¿El que solo conoce la teoría, o el que conoce la teoría y tuvo la experiencia al mismo tiempo? De igual manera nos sucede con la identidad, podemos leer, investigar y saber, pero también debemos poder practicar y aplicar diariamente la teoría.

Imagina que, el cuerpo es como una computadora y el alma es quien maneja la computadora, la computadora no puede funcionar sin la persona que la maneja. Este pensamiento intenta ayudarnos a corregir la relación “cuerpo alma” y puede contribuir a modificar el hábito de identificarnos con la forma. Practica mantener tu verdadera conciencia, más allá del papel que te toque representar, recuerda que tu verdadera identidad es como alma eterna.

La meditación ayuda a corregir este gran error. Medita recordando quien eres en verdad, alma eterna, inagotable. A medida que interiorizas esta verdad te das cuenta de que no hay peligros, ni perdidas y la paz comienza crecer en tu corazón.

Podemos decir entonces, que el cuerpo es el instrumento que el alma posee para la liberación. La verdadera libertad llega con el despertar de la conciencia, esta conciencia es comprender que somos actores y que el cuerpo es el traje que usamos en esta actuación. Los buenos actores pueden representar cualquier papel asignado pero jamás se creen el  papel desempeñado, al finalizar la película el actor regresa a su verdadera identidad; aunque esto, no nos quita la responsabilidad de representar nuestro trabajo (guión) de manera impecable. Este último párrafo nos lleva a tratar en otra lectura la cuestión del karma. Por ahora los dejo con esta frase final.

“Todo el mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres meros actores: tienen sus salidas y sus entradas; y un hombre en su vida interpreta muchos roles…” Shakespeare.

No Comments

Haga click en la red social con la cual desea dejar su comentario

Leave a reply