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DESAPEGO

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DESAPEGO

En el artículo anterior hablamos de cuál es nuestra verdadera identidad y a muchos no les resulta difícil comprenderse como seres espirituales eternos viviendo una experiencia con un cuerpo físico transitorio, la cuestión sobreviene cuando tenemos que aplicarlo a la vida diaria. Volvernos conscientes de nosotros como seres espirituales con un cuerpo físico temporal, requiere que retrocedamos en los conceptos aprendidos durante mucho tiempo. Y nos convoca a cultivar el desapego y una re-identificación.

La  idea de desapego suena como intimidante, vacía, cruel y más aún en las sociedades de hoy en día, en las que la idea del consumismo nos crea una necesidad constante de adquirir y acumular bienes para ser felices, sentirnos seguros o conseguir aprecios.

Sin embargo el desapego es un ejercicio que nos invita a una mirada distante de la vida y sus sucesos, como la mirada del águila desde las alturas, una visión más extensa, con todas posibilidades y dentro de un contexto más amplio.

Lo contrario al desapego es el apego, ahora pregúntate a  ti mismo, ¿que sientes cuando te apegas a algo o a alguien? ¿Acaso no sientes que pierdes la libertad?  Solemos confundir amor o la afinidad por las personas con apego, como si el amor significara adueñarnos y eso nos arrebata la libertad porque aparece el miedo, miedo a la perdida, a perder esa causa a la cual nos apoderamos. Cuando el apego nos produce temor a la pérdida o a los cambios, estos sentimientos a su vez nos conducen a otras emociones como celos, lujuria, ira, frustración, avaricia, etcétera,  frente a estas emociones perdemos la libertad y no nos es posible experimentar el verdadero amor.

El apego causa temor y el temor no puede convivir con el amor, ni con la libertad, son  opuestos, como el día y la noche,  el calor y el frío. Con el temor brotan la ansiedad, el estrés, la inquietud, a su vez con estas emociones malogramos las relaciones con quienes nos rodean y amamos, gestándose una cadena de emociones adversas en nuestra existencia. Esto mismo nos sucede con personas, con objetos y con todo lo que asumimos que nos pertenece.

Para transformar nuestras vidas y construir relaciones basadas en el amor puro es necesario desapegarnos aunque nos suene absurda la idea, ya que la creencia a la que estamos habituados es la opuesta. Es la identificación tan aguda que tenemos con el cuerpo y fortalecida por el entorno y los medios de comunicación, que nos incitan a poseer  y experimentar las emociones negativas que devienen de esa postura de vida.

Es una ilusión creer que las personas, los objetos, y todo lo que provenga desde afuera nos puede traer felicidad, paz, entusiasmo, amor, tranquilidad…estos sentimientos cuando son verdaderos proceden de otro lugar, desde el interior, desde el corazón, donde mora el alma de cada ser humano.

Entonces un aspecto esencial para quienes eligen este camino, es examinar que sucede con el apego en sus vidas, como nos afecta, si nos esclaviza,  si nos entorpece en nuestras relaciones, si nos despoja de la energía, si nos arrebata la lucidez,  y lo más significativo, nos hace olvidar quienes realmente somos!

Porque como dice Antoine de Saint-Exupéry

“Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible a los ojos.”  El principito.

 

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